miércoles, 15 de octubre de 2014

Maravillarse de existir



Se suceden los milagros, las coincidencias, los encuentros afortunados, la resolución de problemas sin nuestra intervención, la repentina inspiración, la bendición de los afectos, el beso de los días. Las cosas que necesitamos, sin lugar a dudas vienen a nosotros. Deslumbra pensar en la cantidad de prodigios que están ante nuestros ojos. La Vida, que está en todo, resuelve los problemas, no le hacemos falta para nada, no necesita de nuestro esfuerzo, ni de nuestros sacrificios, ni de nuestras buenas o malas intenciones, ella siempre Es y siempre Actúa. Solo quiere que seamos conscientes y saboreemos. Qué suerte cuando nos damos cuenta.
Hay toda una red de casualidades que es perfecta. La vemos cuando nos sentamos a contemplar y ver en nuestra mirilla personal: nuestra existencia.
Todo es sencillo y se desarrolla ante nosotros. Si aceptamos lo que nos va sucediendo, nada más tenemos que hacer. Aceptar y agradecer absolutamente todo, ése es el camino por el que accedemos a la vía del asombro, que es la verdaderamente humana.
Le preguntaron a un Maestro cómo saber si uno es consciente o inconsciente en esta vida. Él contestó: “Es muy fácil: eres inconsciente cuando no estás maravillándote de existir”.
No esperemos ver los prodigios que he nombrado en las lejanas galaxias, sino en lo que nos pasa todos los días, en los gestos de cercanía, en lo hondo de las miradas, en el sucederse de los amaneceres y atardeceres y en todas las ayudas que recibimos para vivir, en-cada-momento.
En todo momento somos Vida. Energía poderosa y amorosa a un tiempo. Amparémonos y descansemos en ella. Abandonemos todo lo nuestro en sus manos, que es donde realmente está porque nuestros asuntos propiamente son sus asuntos, en propiedad no tenemos nada, ni siquiera nuestro yo psicológico, ni nuestras relaciones sociales.
Lo real es el Ser en el que estamos inmersos y al que sentimos en “lo más íntimo de nuestra intimidad”. Es el que nos hace despertar a la consciencia, y nos da lucidez a pequeños sorbos, que son los instantes privilegiados de sentirse vivo y agradecido.
Cuando va llegando la confianza a nuestra vida, van desapareciendo las tensiones y los miedos y nos sentimos libres para saborear el regalo de tantos encuentros, de tantas personas queridas, de tanto amor a nuestro alcance.
Es una maravilla que todo se ensamble perfectamente bien, y es que tanto el don como el anhelo, el agua como la sed, han sido puestos por la misma mano.

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