miércoles, 8 de octubre de 2014

El baile del universo



Los planes de Dios son los planes bailados en el gran salón del universo al son de la melodía interpretada por todas las criaturas. (Vicente Martínez).
Todas las criaturas del universo interpretamos una melodía, y asistimos a una danza, juntamente con todo lo creado. En nuestra mano está ir mejorando los pasos del baile o inventando nuevos pasos que nos hagan compartir la paz del corazón.
El ser humano danza para llegar a ser profundamente humano, que también significa hermano, o sea, realmente solidario con todo y con todos y convencido de la grandeza de la vida.
Estamos siempre en proceso y en perfeccionamiento. Cuesta situarse en esta transitoriedad que nos movemos, Todo lo que amamos tenemos que dejarlo al partir, no hay pruebas claras de nada, solo la fe nos guía en las tinieblas y hace que nuestro baile sea confiado y alegre.
Con la fe vemos de otra manera, ya empezamos a saber que no perdemos nada al morir sino que en cada momento lo tenemos todo ganado porque estamos en las manos divinas, es decir, existimos en el Ser, y eso no nos puede ser arrebatado, es lo único real.
Es bueno estar enamorado de ese baile universal, danzar para sentir esa melodía que nos recorre y nos constituye. Ser conscientes de ello es la única manera de disfrutar verdaderamente y de emocionarnos con la vida.
Estamos metidos de lleno en la trascendencia, nada es lo que parece. Lo que parece finito, es en su misma esencia, infinito, lo que parece muerto, lleva en sí mismo vida inacabable.
A nosotros no nos corresponde entenderlo todo ni hacer demostraciones de sabiduría. Únicamente, sencillamente, en nuestra pequeñísima parcela de espacio y de tiempo seamos buena gente y ayudemos al que tenemos al lado. Ése es nuestro baile.
Podemos decir que es una danza muy simple: la de nuestro universo interior. Ahí es donde tenemos que poner nuestros planetas en armonía, para que no haya choques ni tensiones que nos impidan acceder a lo más hondo, que también es lo más tierno, lo más alegre, lo más sabio.
Dice un proverbio africano que cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacer daño. Por eso, arreglemos lo que no tenemos resuelto internamente y cuidemos nuestra propia melodía, para que no esté desafinada y podamos llegar a ser conscientes de que nuestra vida es una danza sagrada.

2 comentarios:

L.P.S dijo...

Tu artículo me llega profundamente.
Gracias.

Anónimo dijo...

Bailar, cantar, danzar... Me llega, hormiguita.