domingo, 26 de octubre de 2014

Con traje de fiesta



Dice un texto evangélico: “¿Cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?
Como los invitados de la boda de la parábola de Jesús, nosotros también hemos sido invitados a un banquete, el de la vida. Desde que nacemos asistimos a él, y nuestro corazón se engalana de fiesta cuando somos conscientes de ello, esto le llega a cada uno en el momento adecuado, hasta que aprendemos a participar en esa fiesta con todos nuestros sentidos y capacidades, a tiempo completo y a tope.
Dice el apóstol Pablo que el traje de bodas es “un corazón limpio, una buena conciencia y una fe sincera”.
Dicho de otra manera: ser bueno, ser compasivo y justo, y por último confiar.
Está bien preguntarnos a nosotros mismos si llevamos el traje de fiesta puesto, es decir si llevamos lo mejor de nosotros mismos allá donde vamos, o si vamos de un lado a otro con los harapos de las quejas y los descosidos del desamor, o con los rotos del rencor.
Si pensamos que la vida es bella y tiene sentido, si apostamos por la ternura y la compasión en las relaciones humanas, si nuestra fe va superando los obstáculos que se le cruzan en el camino, entonces no podemos ir por todas partes amargados o quejumbrosos, porque con nuestra conducta tenemos que reflejar nuestra alegría interior.
Hoy día, quizá siempre, el traje de fiesta es necesario porque se ha generalizado hablar de los problemas, del malestar, de la crisis, de lo que va mal. Y hace falta que los que somos conscientes de estar en la casa del Padre y participar del banquete de la Vida, contagiemos con nuestra alegría y nuestra visión optimista y esperanzadora a los que tenemos alrededor. No podemos sumarnos a las quejas de los que están descontentos con todo.
Tengo que decir que a mí me suelen decir: “es que tú eres muy optimista”. Efectivamente, lo soy. Por eso veo siempre la botella llena, no medio llena, por eso confío en las posibilidades de todos mis proyectos, y sobre todo en las posibilidades de todo ser humano. Y por fe, sé que todas las corrientes bienhechoras divinas están a nuestro favor, cómo puedo dudar de que todo va a salir bien.
Sí, tengo mi traje de fiesta puesto. Y me gusta provocar sonrisas y apagar tristezas, encender sueños y allanar caminos, despertar gentes y gritar amor.

1 comentario:

JMS dijo...

Es una gran lección. Bendita tú por tu optimismo. La mente crea la realidad. Y una mente que piensa en positivo provoca buenas acciones. Este manantial beneficia a los más cercanos y lejanos. Dios te bendiga