domingo, 5 de marzo de 2017

En lo más sencillo

Cómo hacer del mundo el Reino soñado y anunciado, cómo participar en las mil batallas cotidianas y a la vez sentirnos inmersos en lo que trasciende y une.
Todos vamos en un mismo tren, “el tren de la gracia” que llamaba Boff. Hacia una misma meta, con semejantes paisajes. Esa gracia o providencia es la que nos mueve el corazón y nos hace sentirnos aunados en la misma misión.
Hay que empezar por respetar las diferencias, no estamos de acuerdo con toda la gente que nos rodea, ni mucho menos, unos nos son más afines que otros. Pero todo está ensamblado para avanzar en la dirección adecuada. Tenemos que inclinarnos ante el plan que ha sido preparado para nosotros desde toda la eternidad, y dejarnos guiar con corazón sensible y abierto.
Hay un pastor que me guía, o un maquinista si hablamos del tren. Hay una sabiduría que ya existe y está a mi servicio, a mi alcance.
Algo se está gestando. Precisamente porque hay crisis, que significa inseguridad, sabemos que está empezando el cambio. Crisis de fe, de valores, de confianza, de vocaciones, de humanidad.
El Espíritu que nos alimenta tiene una fuerza imparable y rompedora y sabe sacar agua de los pozos más secos. Nada hay imposible para él. Ese Espíritu está moviendo a personas sencillas a hacer actos extraordinarios, ahora mismo, en mi mundo.
Esa multitud de actos extraordinarios me anuncian que el Reino está en marcha, ahora, como siempre. La bondad vence, aunque las estadísticas de los desastres me quieran hacer creer lo contrario.
El agradecimiento tan frecuente de los que nada tienen me llega a la diana del corazón y me hace cuestionarme, a mí que tengo demasiadas cosas. Me hace ver que el Reino está en lo sencillo de este mundo, en lo pequeño, escondido y despreciado. Lo más grande me está esperando en lo pequeño.
Como dice la Biblia en 1Reyes 19, el Señor no está en los elementos espectaculares de la naturaleza sino en la brisa suave y delicada, que es la paz que acaricia los corazones.

Está en lo más sencillo.