miércoles, 30 de noviembre de 2016

Distancia del pensamiento

“Tomar distancia del pensamiento nos introduce en una percepción de la realidad caracterizada por la admiración, el asombro, la contemplación, la gratitud, la gratuidad, el desapego, el amor universal”. (E. Martínez Lozano).
Tomar distancia de un lugar es fácil, pero no tanto de nuestros propios pensamientos, que nos conforman y configuran, “somos lo que pensamos”.
A veces se nos proponen las cosas como ideales a conseguir, como aquello hacia lo que tenemos que aspirar pero que es casi imposible que lo consigamos al cien por cien.
Descartado que yo pueda tomar total distancia de mis pensamientos, sí que puedo lograr inclinar la balanza a favor de los que son positivos y alegres y poner freno a los que son nocivos para mí y para otros.
Se trata de ganar en libertad y dejar atrás costumbres poco saludables. Se trata de dejar un espacio cálido y amplio para mi nacimiento como persona, que tiene lugar todos los días.
Todos los días aprendo y doy pasos más o menos grandes hacia una mayor consciencia. También los pequeños retrocesos sirven, todo vale en este aprendizaje.
“Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas” (Is 2,3). No nos creamos autosuficientes, Alguien ya se está encargando de nosotros, de darnos la instrucción adecuada, y redirigirnos hacia él en todo momento y a través de los complicados laberintos que nos montamos a diario para vivir.
Ese Alguien, que es todo Luz y todo Amor, ya nos abraza tiernamente mientras nosotros con nuestros cambiantes pensamientos vivimos distraídos y nos creemos en soledad y lejanía.

Pongamos como tarea dejar aparcados algunos momentos los tiranos pensamientos, para adentrarnos sencillamente en el asombro de existir y en la gratitud. Eso nos hará mucho bien.

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