miércoles, 26 de octubre de 2016

Nuestra Realidad

Tener fe o confianza es saberse en las mejores manos, y creer  que todo lo que nos sucede es para bien, por eso debemos tomar las cosas como son, no como nos gustaría que fueran.
Cuanta mayor confianza, menos sufrimiento. Este se agranda cuando nos resistimos a la realidad, nos ponemos en medio con nuestras exigencias y queremos que sucedan las cosas de una determinada manera, entonces somos el principal obstáculo.
Hablo muchas veces de la confianza, porque es el punto clave. No podemos imaginar un bebé que desconfía de sus padres, cuanta ansiedad y temor podría acumular.
En un relato se cuenta que unos turistas pidieron a un niño que cogiera una flor al borde de un precipicio, que ellos le sujetarían. El niño se resistió, hasta que dijo: solo la cogeré si me sujeta mi padre. De él se fiaba, con él no tendría miedo.
Padre, Madre, Fuente, Océano, Vacío, son expresiones para designar nuestra Realidad, la que nos ha hecho un hueco en sus entrañas amorosas. Cualquier cosa que nos sucede ahí está puesta para nuestro crecimiento y enseñanza.

Dios es quien empuja mi verso,
también es la sustancia
de la que se componen los cuerpos,
y utiliza mi boca y mi voz
para decir te quiero.

Mi materia es infinita,
un misterio de belleza.
Mi corazón de criatura
alcanza a toda la tierra.

La madre paz me rodea
en medio de la tiniebla,
no quiere que tenga dudas
y me venza la tristeza.

Mi pequeño espacio creado,
contiene los ingredientes,
que necesito a diario
para encontrarte a mi lado.

Y no hay más milagro
que el del amor, que se asienta
en mi interior,
y maneja mis hilos hacia Dios.

Porque nada hay imposible
en este pequeño mundo,
en este universo hermano.
Todo ayuda a todo:
lo que nace de ti mismo,

vuelve al morir a tus manos.

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