domingo, 9 de octubre de 2016

Empeñados en sufrir

A veces da la sensación de que nos empeñamos en sufrir, necesitamos el sufrimiento para hacernos notar, para señalar que estamos aquí. Por eso en muchas conversaciones la gente habla de sus dolencias, de sus conflictos y de todas las cosas que le van mal. Es una costumbre muy extendida.
Sufrir y contarlo va unido. Cuando proclamamos nuestros sufrimientos estamos dando satisfacción a nuestro yo egocéntrico y nos quedamos en la inmediatez de lo que sucede.
Nos conviene ampliar horizontes, ver el milagro de la existencia, abarcar el universo, sentir la maravilla de tanta belleza, saborear la grandeza del amor.
Desde esta nueva perspectiva todo se ve diferente, no nos quedamos atascados en los problemas porque vemos más allá. Y lo que parecía una tragedia se ve una nadería cuando miramos de modo diferente.
Donde experimentamos sufrimiento, ahí mismo está la paz, es decir el no-sufrimiento. Nuestro hogar verdadero es esa paz que nos acompaña a todas partes a donde vayamos. Cuando tomamos conciencia de tanto bien recibido, cambiamos las quejas por el asombro emocionado.
Dice Ajahn Chah: “Buscar la paz es como buscar una tortuga con bigotes. Usted no será capaz de encontrarla. Pero cuando su corazón esté listo, la paz vendrá a buscarlo a usted”.
Quiero ponerme a punto para descubrir esa paz que ya es mía y me invade cuando estoy preparada. Por eso crearé los paisajes interiores que más me convienen y desde ahí disfrutaré de la calma de mi corazón.
No es difícil si tengo el objetivo claro. A estas alturas de mi vida no voy a ir con autoengaños, tomaré decisiones que me llevan a eliminar ansiedades, para que la paz de mi interior venga a mí.

Me gusta la imagen de abrir claros de armonía en los sitios donde me muevo, que es mi pequeño mundo, porque no estoy empeñada en sufrir ni en contarlo. Lo que cuento siempre son buenas noticias.

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