domingo, 23 de octubre de 2016

Disponibilidad

Dice A. Grün que “no son precisamente las virtudes las que más abren a Dios sino las propias flaquezas.”
Algo equivocados andamos, nos han informado mal, porque hasta ahora parecía que no eran las flaquezas las que servían sino todo lo contrario. Pero el mandato es: “cada cual, con su cruz , que me siga”.
Cargar con todo lo que aparentemente son impedimentos, pero que pueden convertirse en bendiciones si nos sirven para lo que nos importa verdaderamente, que es amar esta oportunidad de vivir que se nos ha dado.
Y para ello, con nuestras limitaciones y debilidades, estar disponibles. Disponibilidad de vida significa aceptación. Que no hagamos las cosas de mala gana, sino que digamos: sí, aquí estoy, para cuidar mi mundo. Entonces no iremos a remolque de lo que nos sucede sino que tendremos parte activa y consciente.
Tenemos que acostumbrarnos a caminar también con aquello que nos incordia y molesta, pensando que si eso está ahí es por algo. Porque si queremos esconder los inconvenientes se pueden convertir en un polvorín a punto de estallar en cada momento.
Habituarnos a bendecir la vida, las personas, las situaciones. A mirar con agradecimiento y con bondad. Sin censuras ni juicios que hacen daño.
Yo, personalmente, estoy disponible para caminar aprendiendo y para dar mi tiempo y energía gustosamente a lo que va llegando. Mi disponibilidad no es un mérito mío porque no doy nada que no se me haya dado antes.
Cada vez es mayor mi conciencia de estar aquí en misión de servicio y tengo un jefe que me va haciendo encargos que yo acepto, y procuro hacer de la mejor manera posible, porque me encanta estar disponible para él.

Me gusta hacer mías las palabras de Jesús: “Tengo que anunciar las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado”. (Lc 4,43)

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