miércoles, 21 de septiembre de 2016

Hacer balance

Me gusta hurgar en otras vidas extraordinarias, en otras palabras pronunciadas como yo, para ver qué han hecho ellos, me asomo a su interioridad y saco enseñanzas para mí.
También me gusta observar mi pasado y mi presente. Hasta este momento yo sé cómo ha transcurrido mi vida, sé todo lo que se me ha regalado generosamente junto con la existencia. Yo puedo hacer balance en cualquier momento, y ese balance siempre es enriquecedor porque me ayuda a ver el hilo conductor que todo lo hace posible.
De lo que pasará a partir de este momento yo no puedo hablar, lo ignoro. Por muchos planes que haga no sé lo que sucederá. El paso siguiente siempre es una aventura. Pero en este presente inmediato e infinito sí que puedo poner mi granito de arena de consciencia y de emoción agradecida. Esa es la manera de situarme en mi presente.
Lo que pasó ya no está, lo que pasará tampoco. Me quedo yo sola con este momento mío donde está toda mi historia pasada concentrada y me sitúo ante el abismo del porvenir que es una incógnita. Esa es la aventura de vivir: saborear instantes dentro de un proceso recorrido y por recorrer.
El consejo que daría a mí misma y a otros sería el de no hacer demasiados planes. Por ejemplo, yo para este periodo de vacaciones que ha pasado hice muchos proyectos de trabajo, de los cuales no he llevado a cabo ninguno porque la vida tenía pensadas otras cosas para mí.
Al hacer balance veo el privilegio que significa la existencia, la vida siempre es extraordinaria,  si yo creo en ella. Hay un dicho talmúdico que dice: “Si crees en mí, soy. Si no crees en mí, no soy”.

Suelta las riendas, déjate llevar. Y lo que suceda, acógelo y bendícelo como si lo hubieras elegido tú. Es la única manera de ser feliz.

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