domingo, 3 de julio de 2016

Pequeños grupos



He participado durante este curso que se acaba en pequeños grupos de reflexión, oración y búsqueda honrada de vida verdadera.
Todos los días, de lunes a viernes, tenía una cita con un grupo diferente, para abrir los ojos conscientemente y encontrarme a mí misma, a la luz de la Palabra divina.
Esa experiencia para mí es tan entrañable y positiva que se la recomiendo a todo el mundo. Siempre se sale de ella enriquecido y con paz. Como dicen algunos de los participantes en los grupos: “es algo que engancha”.
Hay multitud de ofertas de este tipo, busquemos las que tengamos más cercanas, grupos de formación y de oración, parroquiales o no. Son los únicos sitios para hablar de aquello que nos mueve interiormente, para desnudarse de superficialidades y llegar a lo esencial, a lo más íntimo, donde habita quien más nos conoce. “Tu autem intimior intimo meo”: tú, Señor, eres lo más interior de lo más íntimo mío. (San Agustín). Alguien está más cerca de nosotros que nosotros mismos.
No todo es idílico en los grupos porque hay que dialogar con personas muy diferentes y con opiniones enfrentadas. Eso es provechoso para desarrollar en uno mismo la capacidad de apertura y de humildad, para aumentar la escucha y aceptación del otro, para no pensar que somos los poseedores de la única razón válida. Todos los caminos son buenos, si a uno le sirven.
Entre los participantes de los grupos se crean lazos de afecto, son personas ante las que “te has desnudado”. Los anhelos más íntimos, los motivos que nos mueven han quedado al descubierto al responder a las preguntas básicas a las que los humanos nos enfrentamos: qué, dónde, para qué, por qué. En ese sentido pueden llegar a conocernos mucho mejor que nuestra propia familia.
Os animo a esa búsqueda en grupo. Es otro camino más para nuestra formación y para encontrar sentido a lo que somos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Cuánto te has entregado a todos estos grupos!

Te quiero mamá