miércoles, 22 de junio de 2016

Tu vida es sagrada



Una cosa es creer que lo sagrado es una realidad y otra que actúa desde todo cuanto existe, también desde mi misma persona. De tal modo que nada es profano, nada está al margen de esa trascendencia.
Una cosa es creer en el Amor, la Sabiduría y la Ternura infinita, y otra es saber que habita en mí, somos inseparables, y mi débil cuerpo es su centro de operaciones.
Cambia la vida ver las cosas desde dentro o desde fuera. Si las veo desde fuera, soy únicamente espectadora, que tampoco está mal, pero no me siento involucrada en todo lo que pasa por mi lado.
Si me siento dentro, no hay nada ajeno ni separado, todo lo que existe está en mí: lo bueno y lo menos bueno, también toda la fuerza del universo.
Yo también soy creadora, transporto en mí la única luz que existe, y esto es tan real como que estoy aquí y ahora.
Pero si todo lo dicho no me sirve para atender y cuidar amorosamente a mi próximo, que es mi hermana y hermano, entonces solo son palabras que se escriben y después se lleva el viento, porque han quedado vacías de contenido.
Jesús nos repite incansablemente que nos llevemos bien unos con otros: “ama”, nos dice. Es el mismo mensaje que las madres y padres repetimos a nuestros hijos, que se lleven bien entre ellos. Es un deseo de armonía, un anhelo de paz que nos hace realmente humanos.
En un espacio sagrado nací, en un tiempo infinito. Si miro en mi interior y apago ruidos que distraen, ahí puedo intuir a quien me da la vida y apuesta por mí. También puedo verlo en todas las cosas y en el misterio de este breve tiempo que se me concede.
Si yo escribo esto y tú lo estás leyendo, no es azar, necesitas escucharlo: eres vida sagrada.

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