domingo, 26 de junio de 2016

Trozos de cielo



Cuando sobre nuestras cabezas el tiempo está nublado necesitamos saber que el cielo sigue estando ahí, aunque en ese momento no lo veamos.
Con nuestra actitud y decisión somos capaces de destapar cada día el cielo que llevamos dentro, porque siempre tenemos las fuerzas que necesitamos para vivir. Ese cielo nos es esencial para sentirnos bien.
Gracias a ese cielo podemos vivir en profundidad      y poner una mirada amable sobre nosotros mismos y sobre todo lo que hacemos. Tratarnos con compasión, no echarnos la culpa de todo lo que sucede, perdonar nuestros errores, agradecer las ayudas. Todo esto nos hace más fácil el camino.
Los cielos nublados y los despejados, al igual que las alegrías y las tristezas, están muy juntos, tanto que de uno se pasa al otro, sin apenas darnos cuenta. Y todo hace falta.
Después de la tormenta se saborean con más intensidad los matices, olores y colores recién estrenados. Siempre después de la tempestad viene la calma. Y tras las lágrimas aparecen sonrisas.
Tengamos paciencia con los momentos malos y con los asuntos que no podemos resolver. Como en el relato del sembrador, da igual que estemos dormidos o despistados, la tierra produce por sí misma, es decir, la misma vida irá poniendo las cosas en su lugar. Nosotros solo mantenernos confiados y agradecidos, para disfrutar de los trozos de cielo que se nos abren a nuestro paso, en forma de gestos de ternura y cercanía, y de corazones amigos que nos salen al encuentro para decirnos que no estamos solos.

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