domingo, 5 de junio de 2016

Océano de luz



“Alguien más allá de toda forma y nombre, puso en nosotros aliento y voz para poder ser constatado y narrado.” (R. Redondo) Alguien me está dando lo necesario para que le narre, para eso primero tengo que sentirlo, vivirlo, rastrear su presencia en mí. Después la boca se abre sola y todo lo que sale es anuncio. “De la abundancia del corazón habla la boca”.
En el abrir y cerrar de ojos que supone una vida, en ese momento tan fugaz como una pequeña estrella que vemos pasar en la lejanía, en esa nada estoy queriendo descifrar lo que me pasa y buscando el  corazón infinito de luz que me alumbra y sostiene, me cuesta asimilar que ya estoy y soy en él, me pasa como a aquel pequeño pez que iba preguntando a todos dónde estaba el océano.
Ese Alguien “más allá de toda forma y nombre” ya sabe lo que me conviene. Y me lo da. Mi aprendizaje es bien sencillo: no poner oposición, dejarme hacer por la vida, dar mi bendición a lo que llega. Es de lo más relajante y, aunque parezca lo contrario, es lo que más libre me hace. Porque no estoy sujeta a reglas ni opiniones.
Esa libertad me hace abandonar seguridades, creencias, dogmas. También vivir libre de ataduras, con lo que estreno cada día un camino personal y único.
Tengo que decir que esa libertad es mi mejor aliada, porque es la que me quita los miedos y me acerca a la confianza.
Alguien que no tiene nombre dirige mi vida, y es quien me da esa libertad y esa confianza. Y me enseña sabiduría profunda, la que me sirve para agradecer mi paso por este océano de luz.

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