domingo, 15 de mayo de 2016

Incertidumbre



No somos los que controlamos el devenir de nuestra vida, no elegimos dónde nacemos, ni la familia, los espacios, ni las circunstancias que van llegando.
A los humanos nos toca vivir la riqueza de la incertidumbre, del no-saber, de la sorpresa y la esperanza, todo a un tiempo.
La vida de esta manera se convierte en una aventura y una incógnita, en la que entra en juego la libertad de cada uno, y, para los que creemos en el Amor, en la que somos amados segundo a segundo, con lo cual esa intriga nuestra no es angustiosa o desesperada sino bella.
Somos libres para amar o no. En nuestras decisiones erramos, metemos la pata, nos equivocamos de camino. Pero cuando nos enteramos de que nuestro Fondo es la Bondad y la Dicha, se nos acaban las angustias y nos entra la confianza de estar amparados, protegidos, incluso mimados, y eso lo vemos hasta en los más pequeños detalles.
La magia de esta aventura humana es abundante en matices y se manifiesta en los encuentros: conmigo, con el Otro, con los otros. Nos deja un poso de alegría, que a veces lo notamos como un cosquilleo interior. Y nos hace ser confiados y creativos, como los niños que se sienten amados por sus padres.
Es todo un reto, un aprendizaje, llegar a aceptar, a fluir al ritmo de lo que va viniendo y saborear momentos. Y para ello dejar de tropezar conmigo misma, con mis exigencias y mis apegos. Con mis enseñanzas caducadas.
Utilizar la imaginación, el impulso interior, las ganas. Para poder ayudar al Abbá Dios, porque debe ser muy difícil para él lidiar con nuestros estallidos y egoísmos, también con nuestras indiferencias.
Y vivir plenamente ese no-saber, empezando ya a disfrutar de un encuentro amoroso, poniendo todo nuestro ser y todos nuestros sentidos, que están puestos ahí para eso precisamente.

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