domingo, 21 de febrero de 2016

Sabiduría (2)



La sabiduría es el arte de vivir, no de hacer, ni de poseer o triunfar. Es el arte de disfrutar y agradecer, de comunicar y compartir los tesoros depositados en nuestro interior. De expresar afecto en todo momento, y estar para los demás, construyendo siempre armonía.
No tiene que ver con un saber intelectual, trata acerca de ser humanos, cercanos y compasivos.
Es la que nos hace mirar a la otra orilla y aceptar esta vida, tal como se nos presenta, como camino para llegar a ella.
Y lo principal es que no la conseguimos con nuestro esfuerzo, sencillamente se nos regala a todos. Ya la tenemos. La llevamos incorporada, aunque puede ser que a veces se nos olvide.
Se expresa en todas las creaciones del ser humano, también en un beso, una caricia, un encuentro, porque le gusta unir, armonizar, hacernos sentir bien. Brota del manantial de vida que llevamos en nosotros, sus aguas siempre sanan.
Se podría decir que es el Dios Mujer, vientre acogedor y fecundo, regazo increíble de ternura y bondad. Está en femenino, igual que la Ruah, la Espíritu donde vivimos.
He leído en algún sitio que la introducción del Evangelio de San Juan podría haber sido así:
“En el principio existía la sabiduría. Todo se hizo por ella, en ella estaba la vida…”
Me gusta la idea de ser sabia, es decir, descubrir el paso y las huellas de la sabiduría en mi vida, esperarla como un detective aguarda pacientemente la prueba de la presencia de alguien.
Poner mi atención en ese descubrimiento, hasta percatarme de que hay infinidad de indicios, tantos que necesito todas las horas del día para maravillarme y agradecer.

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