miércoles, 3 de febrero de 2016

Desapego



Se habla mucho del desapego. Como una condición necesaria para el crecimiento personal. En qué consiste.
El corazón busca lo que no cambia, lo que permanece siempre, pero se siente amarrado a lo cambiable. Cómo dar el salto de lo que vemos a lo intangible y perdurable. Cómo vivir sabiéndonos ya en otra orilla.
Busco en internet: “Practicar el desapego no significa desprendernos de todo aquello que nos es importante, significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.”
Se trata de “volar” sobre los acontecimientos: ni quedarnos instalados en los triunfos, ni nos impida ser feliz cualquier piedra del camino.
Hay una frase, sacada de los relatos antiguos, que nos puede ayudar para distanciarnos de lo que ocurre, porque nos hace ser conscientes de lo efímero de la vida: “También esto pasará”. Se puede aplicar a todo, nos sitúa en el mundo real.
Tan solo permanece el Ser Divino. Ahí tenemos puesta nuestra mirada y buscamos caminos hacia él, iniciamos sendas largas y, a veces, equivocadas. Decía San Agustín: “Tú estabas dentro de mí, y yo por fuera te buscaba.”
Cada uno tiene su propio proceso en este mundo, no se puede acelerar ni detener, hay que respetarlo. Es muy importante aprender a soltar, a fluir, para dar la bienvenida a todo lo que nos llega y cuando algo termina, dejarlo ir, sin aferrarnos a ello.
Siempre contamos con la ayuda de nuestro Director de Orquesta que está al tanto de cada detalle y nos espera en cada esquina, en cada bifurcación.
Todo es pasajero pero todo es importante, porque nos sirve para estar vivos en el mundo.

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