domingo, 10 de enero de 2016

Somos cambio



Cuanto más nos agarramos a nuestra pequeña parcela de tierra más sufrimos.
Los imprevistos, lo inesperado, lo que no habíamos planificado nos sale al encuentro. No se tienen que modificar los acontecimientos para que nos quedemos tranquilos, somos nosotros los que tenemos que adaptarnos, moldearnos y admitir el cambio. Porque somos cambio, cada momento, cada aliento, es nuevo. También nuestras células se renuevan continuamente.
Salir de nuestro propio interés, de nuestro egoísmo. Dejar que la vida nos vaya indicando el camino que tiene para nosotros, no impedírselo.
“Otros tienen lo que necesitan, solo yo no poseo nada. Solo yo vago sin rumbo como alguien sin hogar. Voy a la deriva como una ola en el mar; viajo sin propósito, como el viento. Soy distinto de los demás. Bebo de los pechos de la Gran Madre. (Tao)
Pues así conviene ir, con el ritmo y el propósito que nos marca la vida, aprendiendo y bebiendo las enseñanzas que nos llegan porque la Gran Madre, la Bondad en persona, nos alimenta.
Cuánta desesperación y cuánta frustración cuando pensamos que todo depende de nosotros mismos. Nos venimos arriba con los éxitos, nos hundimos con los fracasos, pero eso no es más que el continuo vaivén de la existencia. Nuestra misión es cuidar la vida con todo lo que lleva dentro, como se cuida un bebé, con ternura e ilusión, con enamoramiento y también de un modo apasionado porque la vida nunca es aburrida, cuanto más la atendemos más detalles se nos desvelan, más agradecemos.
Dentro del vaivén y el ritmo vertiginoso, una chispa de luz permanece y nos guía. Viene a nuestro encuentro y nos da seguridad. Esa luz habita en nosotros y nos invita a seguirla. Sigamos sus indicaciones.

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