domingo, 17 de enero de 2016

Ser trasparente



Ser trasparente, me gusta esa expresión. Todos lo somos: el que se le ve siempre la buena intención, y también el que esconde algo.
Como si no hubiera piel ni órganos, ni materia, lo principal se ve a través de nosotros. Es ese aire que queda a nuestro paso, ese algo que nos hace ser especiales y únicos.
A muchos se les nota la intención de lejos, son trasparentes. Vemos en su gesto y leemos en su mirada. Para las personas que nos conocen bien también somos siempre trasparentes, no les podemos esconder nada.
También es una cualidad que nos hace vivir con fluidez, no “chocar” con los acontecimientos, dejar que sucedan, esta es la sabiduría que se va alcanzando con los años.
Hay una “dimensión esencial” en cada uno de nosotros, que nos une a todas las cosas y nos posibilita contactar a unos con otros, de corazón a corazón, por un camino directo, sin dobles intenciones. Mi ser es tu mismo ser, y viceversa.
Esa dimensión nos hace humanos, buscadores y aventureros, alegres y enamorados de lo que tenemos entre manos. Nuestros auténticos maestros en esto son los niños pequeños, vemos cómo miran todo con asombro, señalan cada cosa, descubren, se entusiasman, son dichosos.
“El amor es eterno, el universo es su vestidura”,  dice Rumí. Pues a través de nuestra vestidura trasparentamos lo más grande, en mayor o menor medida, lo que vive en nosotros y acompaña nuestras soledades, lo que nos hace salir al encuentro del otro, que tiene nuestra misma vestidura.
Si ampliamos nuestros horizontes interiores, el aire circula con más libertad, se nos agranda la dicha y eso siempre se nota por fuera, porque estamos trasparentando aquello para lo que estamos aquí: amar y ser amor.

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