miércoles, 13 de enero de 2016

Ser fiel



“El reino de Dios ya está sembrado en la historia por el Padre y camina por su propia naturaleza hacia la cosecha, tanto en los días claros y luminosos como en las noches oscuras de la historia. Su fidelidad sobrepasa nuestra sensibilidad para percibirlo. Dios es fiel”. (B. González Buelta).
Es fiel. Es mi única seguridad. No se va olvidar de mí, no va a pasar de largo jamás, ni se va a apagar su amor. Su voluntad es que yo me entere y así disfrute de la vida verdadera de cada momento, que está tras lo más rutinario y cercano.
Desde cualquier tradición, cultura, creencia, religión, el objetivo que pretendemos es el mismo: nuestra realización plena, y esta nos da la dicha.
La ternura, la bondad y la belleza son signos de su fidelidad. Son su sello en nuestros corazones. Y para ello no hace falta esperar a momentos especiales, lo llevamos incorporado en cada respiración.
Si él es fiel, yo también lo seré. Ser fiel significa que puedan fiarse de mí. Me aplicaré para que se pueda confiar en mí, para no traicionar a nadie, tampoco a mí misma. Que nadie se sienta incómodo en mi presencia.
En resumen, que mi sí sea un sí y mi no sea un no. Es fácil de decir pero no tanto de hacer porque supone una firme honradez y rectitud, a la vez que madurez.
La transparencia de vida es lo máximo que podemos lograr, es estar en armonía con ese reinado “que está sembrado en la historia por el Padre” y lo llevamos dentro.

No hay comentarios: