domingo, 24 de enero de 2016

El-que-Sirve



Gabriela Mistral: “El servir no es faena de seres inferiores. Dios que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamarse así: “El que Sirve”. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy?”
No es tarea fácil el servir. Me obliga muchas veces a salir de mi comodidad y mi egoísmo. En primer lugar he de bajar del pedestal en el que tengo tendencia a subirme: mi yo más autosuficiente y engreído. Aunque trate de disimularlo, me suelo dar la razón a mí misma.
También tengo que decir que se me ha dado un impulso natural de ayudar al que lo necesita. Ese impulso me lleva y me trae por donde quiere, sin que yo sepa muchas veces dar explicación exacta de por qué hago lo que hago.
Teniendo ese impulso natural que se nos regala es más fácil ponerse al servicio de lo que va viniendo.
Esos dones que nuestra misma naturaleza nos presta nos ayudan a vivir y convivir, por eso son imprescindibles.
Eso quiere decir que tengo en mí misma todas las herramientas y todos los remedios que necesito. Mi preciada carrocería no está desasistida. No me vienen mal los cursos gratuitos que recibo con el devenir de la vida para utilizar correctamente mis recursos.
Alguien programa mi formación permanente y mi aprendizaje, sin que yo mueva un dedo.
Aquel-que-Sirve está a mi servicio. Si lo experimento, automáticamente yo me pongo al servicio de Todo, sin tener en cuenta mi mayor o menor capacidad o habilidad. Con lo que tengo.
Ese pegamento universal que es el Amor ya va apañando los desperfectos y arreglando lo que vamos descomponiendo.
Soy consciente de que si me puedo poner al servicio de los demás es porque en mi misma esencia está El-Único-que-Sirve.

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