miércoles, 23 de diciembre de 2015

Sabor a hogar



En el mes de septiembre, el papa Francisco habló en Filadelfia a las familias. Me quedo con una preciosa frase: “La vida siempre tiene sabor a hogar.”
Es en el hogar donde aprendemos el valor de los pequeños gestos. Gestos de acompañamiento, abrazo y también de plato caliente.
La familia es nuestro lugar natural de preparación para lo que vamos a hacer luego. Desde que nacemos nos acompaña la ternura de la madre y del padre. Ya era yo estudiante universitaria y aún venía mi padre a mi habitación para ver si estaba bien tapada en las noches de frío. Infinidad de gestos como ese nos dejan huella.
En la familia se aprende generosidad, compasión, apertura y acogida, acompañamiento y actitud de servicio. Y se aprenden no como clases teóricas sino a través de “pequeños gestos milagrosos de amor”.
Por eso, dice el Papa que nuestras familias son iglesias domésticas, es ahí donde comienza nuestra formación cristiana.
“Los gestos de amor que uno aprende en el hogar, se pierden en el anonimato de la cotidianidad pero hacen diferente cada jornada”.
En estas fiestas navideñas nos juntamos las familias, nunca es todo tan idílico como nos hacen ver los anuncios edulcorados y la propaganda televisiva.
Muchas veces vemos a las familias inmersas en tensiones y conflictos, la convivencia no es fácil, por eso conviene revisar nuestra propia familia, ver dónde podemos reforzar el amor, dónde nos hace falta aplicar paciencia, compasión y comprensión.
Con los más cercanos es donde se prueba el amor. Estos días tenemos una nueva ocasión de demostrarlo.
Al final, el Papa hizo una pregunta, para medir nuestro amor: En mi casa ¿se grita o se habla con amor y ternura?” Con esta pregunta nos quedaremos meditando para ver si tenemos que poner solución en algunos casos.

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