domingo, 27 de diciembre de 2015

Limpieza



Las tensiones son como la suciedad de las casas, siempre se quieren imponer y hay que hacer una faena constante y meticulosa para que no consigan dominarnos.
Nuestro estado perfecto es el de pureza y limpieza, buena disposición y humildad, sin embargo hacemos mucho más ruido cuando nuestra actitud es negativa o violenta, porque enlazamos con las actitudes negativas de las demás personas y de toda la sociedad. Por eso los telediarios solo dan crímenes, accidentes y violencia, porque eso es lo que la gente quiere ver.
Mi propia limpieza, interna y externa, va unida a mi propia formación. Formarme equivale a limpiarme, quitarme capas innecesarias, ir a lo esencial de mi persona. Al final, los objetivos más básicos de esta vida son bien sencillos, todos se centran en torno a vivir en armonía y crear espacios de paz.
Cuando yo limpio un rincón, allí se refleja la luz que me habita. Cuando quito suciedad, queda belleza. Cuando aparto los trastos inservibles y adorno mis espacios, entonces mi vida es mi propio altar, donde se realiza mi conexión con lo divino.
Sin duda, cuando hacemos limpieza nos sentimos mejor, respiramos de modo diferente, alcanzamos más calma. Esto sucede tanto en el entorno físico como en nuestro interior. “Si no hay pureza en el corazón no habrá limpieza en la lengua” (Sai Baba).
Una buena faena es ver dónde se nos ha acumulado malhumor o enfado, que tanto nos perjudica y nos ensucia por dentro, sus efectos se quedan en nuestra persona.
Al respirar compasión y no dureza de corazón, se consigue un mundo más humano, en el que todos estamos para todos. En el espacio que me ha tocado para vivir, ese que va desde mi piel hasta mis entrañas,  yo lo quiero conseguir.

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