domingo, 13 de diciembre de 2015

La vulnerabilidad



Pablo d´Ors: “La vulnerabilidad es nuestra fuerza, ese es el misterio. Solo en un corazón de carne, no en uno de piedra, puede palpitar la Vida, necesariamente frágil. Solo la carne endeble y vulnerable, es el pequeño y gran escenario de la eternidad.”
Qué extraño es pensar que nuestra fuerza nace en nuestra misma debilidad y que en nuestra imperfección reside la perfección.
Dos caminos se entrecruzan a diario, el divino y el humano. Tanto se entrelazan que no acertamos a adivinar cuál es la línea divisoria entre uno y otro. También puede ser que no haya separación, que lo mismo que es humano ya sea divino al mismo tiempo. Así se entiende mejor, porque aquello que es creado y mantenido en la existencia es una joya de precisión: la tierra, las galaxias, los seres humanos. Son una obra perfecta, aunque nos cueste aceptar nuestro deterioro y la desaparición de este escenario.
Somos maleables, se nos puede moldear de un modo u otro, cambiamos continuamente de aspecto físico y de parecer y nuestro nivel de conciencia también cambia, es decir nuestra naturaleza nunca se está quieta.
Sin embargo en nosotros se asienta lo que es eterno y nos visita como algo pequeño y sin importancia, como una palabra más, un gesto más, una emoción más. Con un trasfondo de alegría que impregna todo lo que nos va sucediendo, porque todo lo sentimos como un designio de amor sobre nosotros.
Si soy consciente de que en mi mismo espacio de debilidad actúa y se mueve lo más poderoso, descubriré que mi piel siempre estará fundida con la misma piel de Dios. De qué me tengo que preocupar.
Como dice el evangelista: “estad siempre alegres, nada os preocupe”, porque somos el pequeño y privilegiado escenario de la vida eterna y única.

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