miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ser amigo

Tres albañiles estaban haciendo la misma tarea, un observador le preguntó al primero sobre lo que estaba haciendo, él contestó que estaba poniendo ladrillos, el segundo dijo que estaba levantando una pared, y el tercero que estaban construyendo un edificio.
Cada uno de nosotros tenemos una percepción más o menos amplia de lo que estamos haciendo en esta vida. Podemos quedarnos en lo concreto y también podemos abarcar lo infinito.
Nuestro gozo se amplía cuando se amplía nuestro horizonte y llegamos a sentir que estamos dentro de un proyecto y un plan para construir nuestro propio edificio y descubrir nuestra propia luz.
Y cuando llegamos a ese descubrimiento nos hacemos amigos de todo y de todos, porque hay algo que nos trasciende y nos une, por encima de nuestras diferencias y ataduras.
Entonces nos convertimos en oración porque sentimos amor y agradecimiento. Se trata no tanto de hacer oración sino desde lo profundo ser oración, ser amigo, ser divino.
Con esto tomamos la decisión de estar a favor de los demás siempre, y de que de nuestros labios no salga ningún juicio negativo sobre ninguna persona, ese es el trato de amistad.
No hablar mal de nadie, esto es lo que más nos cuesta. Porque disfrutamos haciéndonos las víctimas, mira lo que me han hecho o me han dicho.
El creernos superiores y el enfado son nuestros verdaderos enemigos porque nos impiden la felicidad, por eso pongámonos siempre en marcha para hacer algo a favor de otros. Esto incluye a los más cercanos con los que hay más conflicto.
Si transformamos nuestro espacio interior también transformamos el mundo.
Dice el Dalai Lama: “Mi verdadera religión es la bondad. Si la practicamos en nuestra vida no importa si sabemos mucho o poco, o si creemos en la próxima vida o no, en Dios o en Buda. Los días de nuestra existencia ocurren gracias al cariño.

Básicamente ser amigo es esa bondad y ese cariño hacia todo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cierto, frente una misma realidad la clave está en la percepción que uno tiene de ella misma. Yo quiero construir edificios, ciudades, mundos. Aunque mi labor sea la de una hormiguita que simplemente transporta la arena. Sé que mis manos están al servicio de algo grande, de lo que ni siquiera yo soy consciente.


Voy a intentar no nublarme y ver siempre con claridad la proyección de mi trabajo, aunque el chaparrón pasajero quiera deshacer mi arcilla. No hay que olvidar que realidad quiero ver y por la que transporto la arena día a día. Y además hacerlo con el mayor amor pues mi trabajo es para el amor.


Gracias mamá. Te quiero.