domingo, 4 de octubre de 2015

Música de fondo



“En todo cuanto me sucede, mi único deseo y mi única alegría debería ser saber: Esto es lo que Dios ha querido para mí.” (T. Merton)
Fácil de decir, pero dificilísimo de llevar a cabo. Supone una aceptación extraordinaria, una humildad sin límites, una fe ciega en Aquel que solo es Amor y que nos llama a la vida con una finalidad que nada más él sabe. Supone confiar.
Mejor mirarlo de otra manera: todo son enseñanzas, todo es para nuestra formación y viene en nuestro auxilio. Todo son motivos para despertarnos a la otra Realidad, la que me hace escribir estas palabras, la que te hace leerlas precisamente a ti.
Estamos en sus manos, en su corazón, en su ser. Por eso nos ha llamado “Hijos” y Jesús nos dice que le digamos: “Padre nuestro”.
Interioricemos esa buena relación Padre-Hijo, que nos hace tocar nuestro cielo personal, y caminemos con esa música de fondo que es pura armonía. Una armonía que no es precisamente idílica porque nos va a exigir mucho, mejor dicho, nos lo exige todo.
Vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos, pero nosotros en lo más íntimo hemos optado por ser hijos compasivos y alegres, y eso no vale solo decirlo de palabra, hay que llevarlo a la práctica para que sea real.
De esta manera, descubrimos que esa es nuestra única forma válida de vivir, todo lo demás son apaños y medianías que no nos llenan.
De la Biblia nos llegan unos consejos: “Paraos en los caminos y mirad, preguntad dónde está el mejor camino, seguidlo y encontraréis descanso” (Jer 6,16).
Párate, mira, pregunta, sigue el que creas que es el mejor camino. En una palabra: muévete, para ver el rostro del Padre en ti.

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