miércoles, 30 de septiembre de 2015

Reconciliados



Me apunto a ser de los que están reconciliados consigo mismos. Es una faena que me va a durar toda la vida, me tengo que preparar a fondo para llevarla a cabo. En ningún momento puedo relajarme pensando que ya lo he conseguido.
Para ello tengo que perdonarme, aceptarme y ser amable conmigo misma. Abandonar todas las palabras negativas: no sirvo, no lo he hecho bien, tengo la culpa. Tratar con cariño mi cuerpo, mi mente y todas las manifestaciones de mi persona. Borrar las autocríticas que me coartan y empequeñecen. Espero no quedar atrapada en patrones de conducta que me perjudican y me quitan visión.
Independientemente de lo que me suceda, puedo hacer que la vida sea fácil o difícil para mí. Puedo apostar por enredarme en tensiones o puedo trabajar mi propio espacio de armonía y libertad.
Para ello tendré que introducir cambios. Dice Einstein: “Locura es hacer una y otra vez lo mismo y esperar resultados diferentes”.
La vida se recorre momento a momento, a veces son pasitos cortos, a veces retrocesos. Sabemos que es así cuando intentamos aplicar consciencia a lo que hacemos y ver luz en el camino. Entonces vemos que todo nos sirve. Todo está puesto ahí para aprender, para ver cómo lo gestionamos internamente.
Me esperan vaivenes y altibajos, la vida no es lineal. Lo importante es que tenga las ideas claras de cuál es mi meta o qué es lo que me mueve.
Dice Merton: “Las cosas que están en la superficie son nada, lo que está en lo profundo es lo real. Somos criaturas del Amor.” De ese Amor que nos guía, nos da lo necesario y vela por nosotros con ternura infinita.

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