miércoles, 14 de enero de 2015

El fondo de bondad



Dice Paul Ricoeur: “Las religiones tienen un sentido, es el de liberar el fondo de bondad de los seres humanos, ir a su búsqueda, allí donde está totalmente enterrado. La bondad es más profunda que el mal más profundo. En todas las personas habita un misterio, un fondo, infinito, de bondad”. Para aprender ese misterio bondadoso está el camino de la religión que puede ayudarnos, pero también ponernos dificultades, porque a veces el tiempo ha ido apagando la frescura del mensaje original y hay tanta frialdad o indiferencia que no nos mueve el corazón. Es mucho más apasionante el mensaje de Jesús, su vida, sus palabras.
A través de las personas buenas aprendemos bondad, también a través de todo cuanto existe, incluso de los objetos, tan necesarios y serviciales.
Pero sobre nuestros hombros hay colocada una pesada carga: “los buenos y los malos, el bien y el mal, pecados y pecadores”, que nos bombardea continuamente. 
Está claro que no somos perfectos y ese sería nuestro pecado, pero así hemos sido moldeados, entonces no tiene por qué haber culpa, solo aceptación y esperanza.
Dice Confucio: “Si ves a un hombre bueno, imítale. Si ves a un hombre malo, examínate a ti mismo”. Porque esa maldad que vemos en otros también está en nosotros, solo hacen falta las circunstancias necesarias para activarla y sacarla fuera. Pero nuestra intención siempre debe ser imitar lo bueno que hay a nuestro alrededor. Hay muchas cosas que tenemos que copiar, la vida es maestra de enseñanzas en cada instante.
Qué bonito eso de que “la bondad sea más profunda que el mal más profundo”. La bondad siempre nos da la victoria porque es nuestra esencia y está unida a la sabiduría infinita y a lo más entrañable de la vida, por el contrario la maldad es superficial y transitoria y no tiene poder sobre los corazones buenos.
Lo que pasa es que la maldad hace mucho ruido, en cambio la bondad no necesita dar voces porque es poderosa. Por eso para ser una persona auténtica solo hace falta ser bueno, y sabernos dentro de la grandeza de la vida que nos habita.
Dice Albert Schweitzer: “La bondad puede hacer mucho. Como el sol que derrite el hielo, la bondad evapora los malos entendidos, la desconfianza y la hostilidad”.
El fondo de bondad es nuestra esencia ya. En este momento lo tenemos todo, somos en plenitud.

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