domingo, 18 de enero de 2015

Abiertas las ventanas

“Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas serán iluminados por tu luz”. (Mahatma Ghandi).
Seamos conscientes o no, nuestro reflejo se expande y se mezcla con otras luces que conviven con nosotros o pasan alguna vez por nuestro lado.
A veces tenemos esa luz enterrada bajo escombros de ansiedad o losas de indiferencia. La luz existe pero hemos cortado el acceso a ella.
No hay que preocuparse porque tendremos todas las oportunidades que necesitemos para que triunfe la luz porque como dice el salmista: “Él es quien me entrena y me prepara”. Nuestro entrenador es el mismo Amor, el que todo lo disculpa, todo lo posibilita y lo potencia. El que nos hace aprovechar los errores, levantarnos en los fracasos, ver un sendero en las crisis y nos tiende puentes para poder cruzar los abismos que se abren a nuestros pies cuando caminamos por esa orilla de nuestro misterio personal.
“Las ventanas abiertas de la alegría”. La alegría es el camino, el sentirse bien interiormente, el bienestar que da el saber que en el fondo todo está bien, aunque veamos disgustos y miserias alrededor. El mal siempre es pasajero y superficial.
Es una bendición única saberse guiado, acompañado y amado infinitamente. Nos cambia la vida tomar conciencia de la profundidad amorosa en la que nos movemos. Al igual que los bebés que no han nacido todavía, nos vamos desarrollando dentro de nuestra Placenta-Madre, y ahí tenemos todo lo necesario para nuestra existencia: alimento, calor, protección, cuidado.
Esas condiciones las tenemos todos, pero no siempre somos conscientes de ellas. Cuando sí las vemos, parece que se multiplican los milagros ante nuestros ojos, porque la belleza de la vida salta a un primer plano y todo queda resaltado, enmarcado en una luz especial, divina. Entonces, de un modo natural nos sale la alegría por una de las ventanas abiertas del alma agradecida. Y los que están en tinieblas son iluminados por esa luz.
A todos nos llegan esas ayudas, luces que se entrecruzan e indican caminos. No hay azar en las relaciones humanas, todo sirve a todo.
Todo está diseñado para sacar lo mejor de nosotros mismos, y preparar nuestra existencia para el parto de luz que será nuestro alumbramiento definitivo.

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