miércoles, 3 de diciembre de 2014

Venida



Adviento significa “venida”. Preparar una llegada. Y eso supone una actitud de espera. Pero puede ser que nosotros ya no esperemos nada porque ya nos hemos acomodado a lo que tenemos: el trabajo, la familia, las relaciones sociales. Estamos cómodos y “somos presa fácil de adormecimiento”.
Para esperar algo, mi corazón, es decir, el centro de mi existencia tiene que estar en movimiento, en ebullición, en búsqueda ilusionada y esperanzada.
Tengo que ir cambiando mis muebles interiores de sitio para hacer hueco a todo lo que esté por llegar, a ver si voy a tener muchos trastos acumulados, y ya no me cabe lo nuevo, la sorpresa de un nacimiento que se produce todos los días, aunque lo celebremos especialmente en Navidad.
Si realmente estoy en espera, vigilo. Porque no quiero que el nacimiento de un niño divino que viene a visitarme me pase desapercibido sin que yo lo saboree como el gran regalo de mi vida. Ese que me transforma en una persona nueva, y me hace vivir de otra manera.
Para esa venida me preparo con lo mejor de mi persona, y no me olvido de abrazar toda mi debilidad, la que me hace plenamente humana. Sin culpabilidades, sin falsos discursos me sitúo con mis éxitos y con mis trapos sucios a la espera.
Y disfruto con lo que sé que será una gozada de encuentro, porque ya tengo pequeños anticipos que me dejan muy buen sabor de boca.
Y ese es el resumen de mi vida, quizá de todas, el de la espera y el encuentro, la promesa y el anticipo, los cachitos de alegría y la dicha infinita que mi corazón presiente.
Dice F. Cordero que “Adviento es un camino hacia la sencillez. El sencillo es el que disfruta de la vida como don recibido de Dios. Brota continuamente en su interior una acción de gracias por cuanto acontece en su existencia y se maravilla ante cuanto le rodea. Es capaz de ver nuevas las cosas, de entusiasmarse, de agradecer”.
Ese camino es el que me atrae, no el de las complicaciones que me desorientan y no me dejan ver lo principal.
Disfrutar, maravillarme, agradecer. Es todo un programa de vida, ilusionante y lleno de frescura.
Invito a compartir este mismo camino, a unirnos y apasionarnos sin remedio, para que nuestra espera sea activa, y tengamos una decisión firme, una actitud confiada, y una alegría contagiosa.

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