domingo, 7 de diciembre de 2014

Un poco de confianza



El Creador solo nos pide un poco de confianza, nada más, y que nos llevemos bien entre nosotros. Exactamente lo mismo que nosotros le pedimos a nuestros hijos pequeños. Por eso la palabra de los humanos que más se le ajusta para nombrarle es la de “Padre” o “Madre”.
El niño pequeño confía porque sabe que su papá y su mamá le quieren y él siente ese amor, sin necesidad de teorías o explicaciones científicas, solo con gestos, caricias, acercamiento, miradas, palabras de ánimo, abrazos. Si un bebé no recibe ese cariño, no le miman ni le tocan, no puede llegar a desarrollarse como ser humano.
Esa es la clave: saberse amado, mimado, animado, acompañado. También la clave en la relación con nuestro Dios Abbá (Papá o Mamá).
El cariño de Mamá-Dios nos envuelve, nos impulsa, nos penetra. Aunque no lleguemos nunca a nombrarle ni a pensar en su existencia, no deja de arroparnos en su ternura jamás. Porque es una Mamá-Amor y “en ella vivimos, nos movemos y existimos”.
Abandonemos todas las preocupaciones innecesarias, porque si realmente confiamos no tenemos por qué preocuparnos. “El abandono del que vive la fe contrasta con la vida esencialmente preocupada del común de los humanos, siempre en vilo por la inseguridad ante el futuro”. (Isaac Riera).
Sí, realmente hay dos caminos: el de la confianza y el del agobio y a lo largo de la vida vamos tomando uno u otro. O puede ser que solo conozcamos el camino del miedo, conviene estrenar también el de la confianza, que es el que nos va a hacer sentir bien. Porque el que vive agobiado y tenso termina por contagiar su tensión.
Por supuesto también podemos contagiar la actitud confiada. Avivemos ese calorcito interno que da la confianza, contagiemos a los que nos rodean con nuestra actitud y dejemos sobre nuestra tierra palabras agradecidas y encendidas.
De eso se trata, de encender nuestros rincones con la luz que da la fe. San Agustín dice: “Solo puede encender a los demás quien tiene dentro fuego”. La fe es ese fuego que ilumina oscuridades y da decisión en medio de nuestros desiertos interiores, además nos irá descubriendo mensajes destinados a nosotros que de otro modo no hubiéramos visto.
Hay que estar en otra onda para ser realmente felices, es esa otra orilla que siempre nos acompaña. Un poco de confianza es el primer paso para llegar a ella.

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