domingo, 14 de diciembre de 2014

Energía en movimiento



Somos mucho más de lo que nos muestra el ojo humano. Todo funciona por energía en movimiento, paquetes de energía que nos llegan y que enviamos. Ni nos imaginamos el alcance de nuestros pensamientos y de nuestras acciones y decisiones. Es grande nuestro poder pero no lo sabemos y no lo utilizamos.
Si nos creyéramos que nuestra buena intención llega inmediatamente a su destino sembraríamos el mundo de buenos deseos. Y desactivaríamos los conflictos tan solo con nuestro corazón enamorado. Así de poderosos somos.
Por eso tenemos que creer en la oración, de palabra, de silencio y de intención. Nuestros envíos compasivos dan fuerza a este mundo, siembran esperanzas en medio de los más áridos desiertos, hacen florecer sonrisas a pesar de las tragedias.
La oración de palabra es la que mejor nos sabemos y es necesaria porque necesitamos verbalizar todo lo que llevamos por dentro y comunicarlo, así lo hacen los buenos amigos. En la de silencio, concentramos nuestra intención amorosa en momentos íntimos de soledad, en los que estamos en conexión consciente y agradecida con la vida que somos.
Aunque no hagamos oración de palabra o de silencio, nuestra vida puede que sea una búsqueda de la verdad, de la justicia, en nuestros círculos de acción cotidianos. Esa buena intención puesta en todo lo que hacemos es una oración muy profunda porque está hecha de lo mejor de nosotros mismos y hace que lo demos todo en aquello que la vida nos pone delante. Eso es asumir el riesgo de ser persona y caminar hacia adelante con todas nuestras contradicciones.
Lo vemos claramente cuando decimos: “esa persona es buena” Sabemos que todo aquello que haga será buscando el bien de los demás. Y no dudamos de que de esa persona nos podemos fiar. Dice Tito Livio que “generalmente nos ganamos la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra”. Es una gozada conocer personas así, ellas no se dan cuenta pero irradian una preciosa energía que contagia y da paz.
La vida de todas las personas es una manifestación única del mismo Amor, en quien ponemos nuestra confianza.
Ese Amor compasivo y generoso anida en todos los corazones, y lo podemos ver si no le ponemos impedimentos.
Dice Isaías: “Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse”.
Que la energía en movimiento que somos nosotros esté repleta de confianza y buen hacer en favor de todos los necesitados de este mundo.

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