miércoles, 10 de octubre de 2012

Todo sirve


Yo no tengo amor, es Dios quien me lo presta, porque es su energía, que se está moviendo, y metiéndose por mis poros, por mi corazón. Cuando hablamos del amor, nos creemos que lo tenemos en posesión, que ya nos pertenece, pero no es cierto.

Somos débiles hojas, empujadas por la brisa de los acontecimientos. La vida ama a través de mí, de mi cuerpo. “El cuerpo, lejos de ser la cárcel del alma, es el camino de acceso al misterio del mundo”. (Francesc Torralba).

Esa energía prestada es la que da sentido a mi vida y a todas las vidas. Sin ella seríamos autómatas y ni podríamos reflexionar.

Mi cuerpo ha sido creado para que en él se manifieste algo, Diciéndolo de otra manera, mi cuerpo ha sido tomado al asalto, conquistado y poseído por quien todo lo armoniza, y lo encaja según su Plan.

Pertenecemos a la Madre Tierra, y esta pertenece a la Armonía Universal, que está dentro de un Horizonte Infinito.

Soy una pequeña partícula dentro del Amor, estoy en su casa, sostenida, potenciada, animada, aunque no me dé cuenta.

Es hora de abrir los ojos, cualquier momento es bueno. Es hora de desprendernos de oscuridades y hacer un acto de fe particular e íntimo. Porque si no, vivimos aburridos, hastiados de rutinas, cada día que se presenta es “más de lo mismo”.

En cambio, si vivimos en profundidad, todo cobra importancia y se convierte en vehículo, en camino para tener lucidez en nuestra pequeña excursión terrestre. Entonces podemos decir que estrenamos cada jornada con una finalidad. Y que todo sirve: lo bueno y lo menos bueno, porque todo forma parte de nuestra enseñanza.

Hemos sobrevalorado lo que tenemos, lo que somos capaces de hacer, y de ahí nacen nuestros orgullos, y egoísmos particulares. Lo que tenemos que valorar es el Plan en el que estamos inmersos, la Creación de la que somos parte.

La Voluntad de la que dependemos no es impersonal, estática o fría. Es amorosa, cariñosa y acogedora, para todos. Y eso es lo único esencial y duradero en nuestra existencia.

Las máscaras que nos ponemos para vivir en sociedad son superficiales, son como burbujas que si se pinchan solo tienen aire dentro.

Solo nuestro Creador nos conoce de verdad, solo ante él podemos sentirnos en plenitud, dejando las apariencias falsas y las tensiones añadidas.

Que sembremos nuestra vida de momentos de consciencia y de sabiduría, que den el sentido a lo que somos y hacemos.

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