domingo, 16 de mayo de 2010

Hay un anhelo en mí


Hay un anhelo en mí. Tengo la sensación de que tiran de mí con una cuerda y me van sacando, lento pero seguro, de un gran pozo de oscuridad.

El deseo de paz marca mi vida. Mi único faro es la luz del agradecimiento, junto a la sensación de la vida como regalo: los hijos, la familia, el trabajo, tantos seres queridos, el cariño que me envuelve, todo es un don que he recibido.

Siempre tengo sed de un agua secreta, que corre por mi interior. Bebo y más sed tengo. Es precisamente gracias a mi sed, que yo picoteo el cascarón, para saborear esas aguas que circulan tan cerca de mí.

Nunca puedo decir que ya he bebido bastante. Siempre quiero más. Me siento avariciosa de momentos tiernos, de sensaciones íntimas, de risas abiertas, de espacios alegres.

Mi cascarón empieza a romperse, ya asomo la cabeza a ratos, y me sorprendo de la sencillez de la vida, de lo sano que es perdonar y pedir perdón, de lo fácil que es amar. También me asombro de ver que todo está a mi servicio, para mi provecho.

Cuando miro a mi alrededor, veo muchos cascarones cerrados, esperando su momento, su tiempo de madurez. Todos llegarán a abrirse, tarde o temprano.

Ninguno se quedará sin su ración necesaria de luz. Para todos está destinada la alegría.

Mi deseo dirige mi vida. Me empuja a paladear y valorar los sabores auténticos de la existencia. Me da ojos para ver la grandeza de lo sencillo.

Sin mi anhelo, yo no existiría, estaría aletargada, sin imaginar ni soñar otros mundos.

Sin esa cuerda a la que estoy sujeta, y que tira de mí, para adentrarme en otra realidad, sería como una nave sin rumbo en el universo.

La vida tiene mucho interés en que yo despierte. Me presiona dulcemente para que mantenga los ojos interiores atentos a todas las cosas que me suceden y para que sienta el calor transformador del cariño y la bondad que me envuelven y alimentan.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eres inagotable, hormiguita. Con cada texto me sorprendes.
Te veo pronto.
Besos.